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Hoy en día las memorias USB (Universal Serial Bus) se han convertido en un accesorio casi imprescindible para guardar y trasladar archivos de un equipo a otro. De hecho, muchos de nosotros contamos con varios de estos lápices de memoria, porque en algunas partes incluso los regalan.

Con su aparición, las memorias USB firmaron el acta de defunción de los diskettes de 3,5 pulgadas, que apenas podían almacenar 1,44 Mb contra los 8 Mb de las primeras memorias USB. Así fue como poco a poco los ordenadores fueron sustituyendo las ranuras para diskettes por los puertos USB.

La invención de la primera memoria USB es motivo de polémica. Hay quien dice que los padres del ingenio fueron tres trabajadores de Israel M-Systems, Dov Moran, Amir Ban y Oron Ogdan, que, no obstante, incluían un cable necesario en el diseño de su patente. Poco después, un empleado de IBM llamado Shimon Shmueli ideó una unidad flash basada en el la tecnología de los tres ingenieros antes citados. El caso es que Israel M-Systems e IBM llegaron a un acuerdo para lanzar una de las primeras memorias USB del mercado.

Sin embargo, unos meses antes, a principios de 2000, la empresa Singapur Trek 2000 International se anticipó presentando  la unidad de memoria flash ThumbDrive, considerada la primera memoria USB puesta en comercialización.

ThumbDrive, producto de un año de trabajo, contaba con capacidad para almacenar 8 Mb y tenía la ventaja de que no requería de cables ni batería. Para alimentarse utilizaba el propio enchufe por el que transmite los datos. Otra virtud de este aparato tenía que ver con el precio, ya que costaba alrededor de 28 euros.

Algunos meses más tarde aparecía DiskOnKey, la memoria USB de IBM e Israel M-Systems, que también disponía de un almacenamiento flash de 8 megabytes. Sin embargo, su precio se incrementaba casi hasta el doble: 50 euros. Poco después fueron muchas las empresas que se lanzaron a fabricar sus propias memorias USB.

 

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