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James y Theresa Arnold viven en una granja situada en el estado de Kansas, en EEUU, y son víctimas de un problema que les ha hecho famosos. Desde hace varios años llega a las puertas de la casa de este matrimonio una infinidad de visitas, la mayoría de las cuales resultan bastante hostiles.

Acreedores, agentes del FBI y del sheriff, individuos amenazantes y presuntos enemigos con el gesto torcido y muchas ganas de ajustar cuentas. Pero todos estos visitantes indignados o enfurecidos tienen un denominador común, todos ellos se sienten estafados por algún hecho ocurrido en internet.

Todo empezó hace cinco años, cuando la empresa MaxMind, ahora demandada por los Arnold, decidió vincular la dirección física de esta granja con las direcciones digitales de numerosas IP; para ser exactos, 600 millones de IP.

Así se explica que los internautas presuntamente estafados, después de buscar la IP de los presuntos ciberdelincuentes, llegaran a la granja con cara de pocos amigos. Ahora bien, ¿por qué esta granja y no otro domicilio?

La razón es que MaxMind asocia por defecto el centro geográfico de un país con las direcciones digitales de aquellas IP que no logra localizar con exactitud. Y sucede que el centro geográfico de los EEUU coincide con la ubicación de esta granja del estado de Kansas. Por ello, cuando un ciberdelincuente borra o distorsiona su IP para cometer el delito sin dejar rastro, MaxMind identifica esa IP infradeterminada con la granja del matrimonio Arnold.

De acuerdo con la demanda presentada por los Arnold contra MaxMind por “conducta imprudente y negligente”, durante estos últimos cinco años, “llegaban informes semanales sobre fraudes, estafas, cuentas de Facebook robadas e informes de personas desaparecidas vinculados a la casa”. En la demanda denuncian, además, las amenazas de los visitantes y, así mismo, la actitud hostil de las fuerzas de la ley.

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